El fin del mundo que no fue

Llevaba años escuchando que el mundo se acabaría en diciembre del 2012. Algunos habían hecho películas, otros creaban videos de Youtube sobre el tema, incluso mis amigos hablaban de eso, de EL FIN DEL MUNDO. Pero realmente esta histeria colectiva no era nada nuevo; ya había experimentado algo parecido, en el año 2000. Entonces sí creía que el mundo se iba a acabar en cuando el reloj marcara las 12:00 am del 1 de enero de 2000. Eso sí, sólo tenía 11 años, y creía en lo que los adultos comentaban, el Y2K no iba a perdonar a nadie; yo sólo pedía a Dios que me dejara graduarme de 6to grado. Dentro de mis prioridades, el mundo se podía terminar luego de mi graduación.

Sin embargo, en ese diciembre de 2012, no esperaba nada. Si se acababa el mundo pues bien y si no también. La verdad es que en escuela graduada había visto tantas cosas nuevas que sentía que enfocarse en el fin del mundo era como que una pérdida de tiempo.

Por eso cuando una amiga de mi novio nos invitó a Nuevo México para pasar el solsticio de invierno en un lugar que es considerado sagrado y en donde supuestamente se iban a aparecer extraterrestres, pensé “sure, why not?”.

Y no es que realmente ella creía que iba a ver extraterrestres, pero ella estaba convencida que teníamos que ir a ese lugar. Ella siempre había querido ir especificamente para el solsticio de invierno, y pues, yo no quería ser la “Debbie Downer” del grupo.

Era diciembre. Estaba frío. Si la vida realmente iba a terminar e iban a llegar extraterrestres, pues que por lo menos yo estuviera en un lugar hermoso.

En ese entonces yo vivía en Austin Texas, así que el viaje en carro de Austin hasta Nuevo Mexico se hizo eterno. Texas es tan grande que tan solo ir desde Austin hasta la linea limítrofe de Texas/Nuevo México nos tomó 10 horas en carro. Eso es un montón considerando que el límite de velocidad era 80 millas por hora. Al llegar a nuestro hotel en Nuevo México, tuvimos que volver a salir rápido porque no podíamos perder el amanecer. Despues de todo ese es el punto de ver un solsticio, ir antes de que amanezca para no perdértelo.

En ese trayecto yo estaba bien pendiente de como estaba la temperatura afuera del carro, y veía que la misma seguía bajando.

-4 F, -6 F, -10 F, -14 F

Lo único que pensaba era que estabamos locos, teníamos el cerebro quema’o. ¿A quién se le ocurre salir a las 3:00 am mientras hace un frío pelú, para ver un amanecer desde un sitio sagrado? O sea, ¿a quien? Bueno, al parecer a nosotros y a las decenas de personas que le llegaron allí para lo mismo.

El sitio del que hablo es el Chaco Culture National Historical park. Según los astroarqueólogos, en ese lugar hay un calendario solar. Y estos calendarios solares son la gran cosa para los arqueólogos y para aquellas personas que creen en lo sobrenatural. O sea, yo creo que en lo sobrenatural, pero nunca me había enterado de estos calendarios.

Durante el año, en cada día, el sol se ve salir en diferentes posiciones del horizonte, pero, en los solsticios el sol se ve salir en la misma posicion durante 4 días. Ahora, un calendario solar, permite determinar el tiempo que falta para algún evento, dependiendo de la posición de donde sale el sol.

Es un poco complicado ponerlo en palabras, pero en este lugar, la estructura del calendario solar permitía que, en cierto día, la luz del sol marcara un punto en específico; cuando ese punto se marcaba significaba que faltaban 2 semanas para el solsticio. Esta noticia les daba tiempo a las personas para prepararse.

¿Y para qué se preparaban?

Bueno, en las culturas antiguas el sol representa el padre, y en los solsticios el sol sale en el mismo lugar por 4 dias para ver a sus hijos (o sea nosotros), para observarlos y determinar si se están comportando bien. Se creía que si las personas no se portaban bien, el sol se iría y no regresaría. O sea, toda planta moriría y eventualmente toda vida que dependa de las plantas también.

Con tiempo de preparación, la gente se podía reunir en ese sitio para hacer festividades y vivir más en comunidad, todo para que el sol viera que se estaban portando bien. Si al cuarto dia del solsticio, el sol salía en la posicion que tenía que salir, eso significa que los humanos se estaban portando bien, que el sol iba a volver a salir. Por eso el solsticio de invierno es tan importante para esa región. Así que se puede decir que los calendarios solares actuaban como un marcador predictivo y confirmatorio de la conducta del hombre.

Helándome. No se aprecia en la foto, pero mi pelo estaba congelado. No quería ni tomar fotos, porque hacía demasiado frío. Y como no sabía en donde me iba a meter, no traje guantes.

Ahora, cuando estaba en ese lugar yo no estaba pensando en todo ese simbolismo; lo único que pensaba era en el frío intenso que hacia. Todo se estaba congelando … mi pelo, mis cejas, mi bufanda. Pero dentro de todo, cuando ese sol salió e iluminó tanta belleza algo dentro de mi se extremeció. Y me hizo pensar en todos los rituales, en todas las creencias, en todas las comunidades que crea el ser humano, y en todos los sitios que eligió para fueran lugares sagrados.

Siempre he estado enamorada de los desiertos, hay algo hermoso en ellos. Todavia no encuentro todas las palabras para describir la belleza que veo en estos lugares. Esa mañana no trajo el fin del mundo, pero ese solsticio de invierno trajo cambios para mi perspectiva, me hizo ver la naturaleza con otros ojos, con más respeto.

No vi extraterrestres, pero vi gigantes en formas de montañas. No morí, pero el frío desentitizó mis dedos, y estuvimos horas absorbiendo el sol, y siendo agradecidos por la vida, y nuestro cuerpo.

Por más lugares así, que me hagan sentir viva.

2 Replies to “El fin del mundo que no fue”

  1. Awesome! Me encantó el flujo de esta narrativa y a su vez informativa. Nunca había escuchado de ese calendario solar y esa historia del sol. Bella esa historia e inspiradora. Un abrazo

    1. Gracias Alexandra. La verdad es que recientemente estoy más inspirada a escribir. Sí escribo todos los episodios del podcast, pero escribir para lectores es una experiencia distinta.

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